dimanche 20 décembre 2020

AUX CONFINS DE LA PAROLE

 

Quatre poètes: Antoine Maine, Ramiro Oviedo, Sébastien Kwiek, Christophe Dekerpel. Un collectif: Météor. Un lieu: Amiens. Un moment: le premier confinement en mars 2020. Leur production poétique pendant cette période inouïe apparaît dans Confins (Ed. La Chouette Imprévue).

Nous assistons donc à une vision kaléidoscopique de la réalité qui est, par la force des choses, figée. Mais les textes proposent nous révèlent la lutte de quatre poètes pour venir à bout de leur horizon restreint. C'est ainsi que leurs sens semblent acquérir une plus grande acuité: chaque instant, chaque petit geste semble être sublimé et chargé de pouvoir poétique


A midi sur la branche du grand confinement

Une mésange a aimé le soleil d'un poirier

Les genoux adossés à la terre

Une binette à la main

J'ai béni l'instant

(S. Kwiek)


Le confinement est, bien évidemment, une réelle source d'inquiétude : on se pose des questions autour du toucher


Saurons-nous encore après tout ça serrer une main ?

(A. Maine)



On constate aussi la présence de peurs nouvelles lors des rencontres occasionnelles avec un inconnu dans la rue, mais on conjure ses craintes en invoquant la présence des amis, souvent autour d'un verre


un franc-tireur invisible nous attend /

faites gaffe /

je veux qu'on se revoie /

au plus vite /

autour d'une bière

(R. Oviedo)


Il s'agit donc de réinventer un nouveau monde

Dans l’apparente étroitesse d'un terrain clos

Quelques sentes retrouvées

Du vrai chemin

(S. Kwiek)


ou bien de devenir un autre, quitte à rêver d'être un animal qui a le droit de s'échapper par la fenêtre, véritable point d'ancrage des poèmes.


j'ouvre mon Velux et me déconfine

animal, de toit en toit

(C.Dekerpel).


Les quatre voix proposent une vision réaliste du monde. A Christophe Dekerpel, qui a le cœur en hiver répond l'ironie percutante de Ramiro Oviedo, qui tente ainsi d'exprimer le déchirement que vient provoquer chez nous cette interdiction assénée devant laquelle se dresse la poésie, qui n'est pas un virus / à peine une sorte de lèpre. L'humour fait aussi acte de présence quand Sébastien Kwiek demande à Google ce qu'est la poésie, en nous faisant part de son silence humain déconcerté face à l'impuissance attendue de la machine. Antoine Maine nous montre, pour sa part, comment faire face au vide, subitement agrandi, et dans lequel la présence d'une tourterelle qui roucoule montre que la vie continue.

Les créations des quatre poètes sont subtiles, légères, fragiles, parfois colériques, mais leur but est de nous aider à réapprendre à regarder ce qui nous entoure : leur poésie est directe et évocatrice, tout à fait connectée avec la réalité et éloignée de toute métaphysique creuse. Sébastien Kwiek nous dit clairement qu'il préfère le poème :


Il siffle le vivant

Sa grandeur sensible

La diffusion des mots

Sans chant de guerre

Ni langue de bois.


Ce recueil est donc bien plus qu'une suite de textes de circonstance. L'objectif de cet ouvrage collectif est de nous montrer que face au confinement, la parole reste indispensable pour mener à bien la seule rébellion qui semble être toujours permise :

sortir le pistolet de la langue

pour écrire en légitime défense

(R. Oviedo)



Collectif Météor : Confins. Editions La Chouette Imprévue, 2020. Préface de Jean-Louis Rambour

 


 

 

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vendredi 11 décembre 2020

 

No medirás la llama

con palabras dictadas por la tribu.

Chantal Maillard



Más alta, la palabra, más blanca

cuando trae a cuestas mil barrancos

sin pasarelas ni redes, ni artificios.

Más ardiente la lengua, más despojada

cuando se aleja de los claustros y gira

en torno a un árbol solo en la llanura,

para formar tormentas sin preguntas

e invitarnos a respirar en los matices.

lundi 7 décembre 2020

PAISAJE Y TESTIMONIO

RESEÑA DE «REGRESAR A CHILE», de JAVIER DÍAZ GIL

https://www.culturamas.es/2020/10/22/resena-de-regresar-a-chile-de-javier-diaz-gil/ 

Regresar a Chile (Lastura, 3ª edición), de Javier Díaz Gil, comienza en Santiago, a la sombra de los Andes, donde el autor establece de entrada un oxímoron: «Es posible regresar a lugares / a los que nunca fuiste», en el que resuena el pensamiento de Heráclito, creando, de entrada, la tensión de una obra en cuyas páginas van a converger la luz esperanzada y el pasado doloroso. Luz y dolor que se reflejan, por ejemplo  a través de la voz renacida de Víctor Jara, pero también en la frecuente presencia de los espejos que crean un desdoblamiento del autor, como si éste dispusiera al regresar de una nueva oportunidad para buscar la manera de «cerrar la herida» que subyace en la inmensidad de Chile, en el que hay «paisajes y miradas / que no alcanzan/ con una vida».


El río del filósofo griego tiene nombre propio: el río Mapocho, que «atraviesa el tiempo y se lleva el dolor», pero no olvida, porque son precisamente «el odio y la venganza» los que vienen a lavar las aguas, aportando esa necesidad de memoria a pesar de los años. En el esfuerzo que supone todo regreso, el poeta se siente acompañado por las voces y las manos que hicieron Chile, y que son «parte de la piedra»: se escuchan ecos de Neruda en Isla Negra, de Allende en el Cementerio General de Santiago, de los «nombres escritos / sobre el muro blanco / de Villa Grimaldi» como el de Marcelo Eduardo Salinas Eytel.

La naturaleza, como en Canto General, tiene un papel preponderante: pero si Neruda abría su libro recordándonos que «antes de la peluca y la casaca / fueron los ríos, ríos arteriales», Díaz Gil nos explica que «La Naturaleza / creó al Hombre / para que la contempláramos».

Para que esa contemplación no sea en ningún modo pasiva, para responder a la amenaza de un cielo que quiere «revelar la verdad», se recrean a lo largo de los cincuenta y tres poemas del libro amplias sinestesias -frío, luces, voces, tactos- que intentan abrirse paso ante el desgarro que persiste en un país repleto de ausencias y que se subliman en palabras esenciales que, surgiendo de los paisajes, cumplen con el deber de memoria, auténtico protagonista del libro.

No se trata, precisamente, de un poemario meramente descriptivo sobre la belleza de Chile: el paisaje es una presencia más, aunque en el periplo que va de Atacama a la Patagonia esa naturaleza no hace olvidar al autor que la luz es «tan solo espejismo», no un fin en sí misma. En una identificación interesante, es el propio poeta el que se define como isla o desierto, apesadumbrado tal vez por la obligación de abrir los ojos. Pero es evidente que la hermosura natural no le deja indiferente, como comprendemos al leer que la mayor pena es la de los moais de la Isla de Pascua, «condenados eternamente a no contemplar» su tierra.

En algunos poemas, especialmente sobre la Patagonia, admiramos, junto con el autor, la profundidad de la tierra que visita, y comprobamos, con él, que los paisajes respiran y transmiten belleza y angustia, recordándonos que solo estamos de paso. Hay, con todo, una emoción intensa en la observación de los lugares «donde siempre estará amaneciendo», como queriendo que en los versos confluyan pasado, presente y futuro para intentar aportar cierto sosiego.

Pero no hay que olvidar que el tema fundamental del libro es el valor de la palabra, «alimento del dolor / y su remedio», porque el silencio, para un poeta como para un pueblo, es sinónimo de muerte. Este mensaje universaliza la obra de Javier Díaz Gil, profundamente arraigada en la tierra pero alejada de la anécdota, puesto que existe una inquietud permanente de rendir homenaje, huyendo en todo momento del simple relato de viajes. Es la palabra, como la luz, un remedio contra el olvido, contra el tiempo que pasa; es asimismo el ingrediente esencial «para acabar con el miedo, / acabar con los silencios / de los espejos sin memoria».

En la nostalgia que surge de la brevedad de su regreso, sin ninguna grandilocuencia, el poeta nos acerca así al dolor de un país que «se conjura contra el olvido», que siente y muestra sus llagas haciendo que llegue hasta nosotros un mensaje diáfano sobre el valor esencial del testimonio.

samedi 5 décembre 2020

 

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Para los insatisfechos, el cielo azul es un inmenso deseo de nube

vendredi 4 décembre 2020

DEVOCION DE LAS OLAS, de Mónica Manrique de Lara

Devoción de las olas (Isla Negra Editores / Crátera Ediciones, 2020) es el primer poemario de la escritora granadina Mónica Manrique de Lara que nos presenta, con gran homogeneidad, una diversidad de emociones ligadas a la naturaleza y al entorno. Su escritura llena de musicalidad revela la importancia de nuestros sentidos. En efecto, la poeta se muestra en todo momento alerta y posee una mirada curiosa y sensible con la que consigue identificarse de manera profunda con lo que la rodea.

 


Su visión no es en ningún momento ingenua, puesto que los elementos naturales no son en general sinónimo de armonía, sino de un conflicto en el que la presencia del ser amado es esencial: «mi sombra es una senda revelada / de mi cuerpo por el sol, / mi sombra es el Deseo / porque el otro también es Oscuro / y también es sendero». En esa lucha hay una necesidad imperiosa de nombrar el mundo, como observamos en el poema «Desvelo de mi boca», en el que «hormigas de hambre y palabra» llegan a los labios e intentan trascender la realidad.

Mónica Manrique de Lara sabe apoyarse en la fragilidad (la bruma, el viento, el humo) para crear una emoción que sin embargo quiere ser duradera: se trata de luchar contra lo absurdo de una existencia en la que si ignoramos la belleza -y el dolor- del mundo, nos privamos de una energía vital indispensable. Del mismo modo, los poemas consiguen inscribir lo pasajero de los elementos naturales y su perpetua metamorfosis en una dimensión temporal que los hace perdurables, solidificándolos: «el sonido del lamento es una roca». Todo ello surge de una visión pura, llena de una ingenuidad que es inmanente al ser humano y que queda así reivindicada como una cualidad: «los hombres llevan mi vejez en sus alforjas, / yo solo quepo en los brazos de un niño».

Foto: Trinidad Manrique de Lara

El objetivo de la autora es entretejer los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, con los cinco sentidos para a partir de esa multiplicidad ser uno con el mundo, como contemplamos en «Pequeña sonata del sueño». La fuerza para conseguirlo surge de una dialéctica entre la eternidad y el miedo a la muerte, con la conciencia de que de nuestras flaquezas y de nuestras dudas pueden surgir las ganas de aferrarse a la vida: «leo en el fuego la destrucción de los sentidos / como una eterna y callada cosecha». Esa torpeza que tenemos todos, al intentar buscar un sentido, queda reflejada en un verso magnífico de «Travesía del anhelo»: «mis manos tuertas son la reja y la ventana».

En la observación del mundo no cabe la pasividad. Tal y como sugerían poetas como Paul Valéry o Jorge Guillén, el ser se sublima en la luz, presente en muchos de los poemas que componen Devoción de las olas. Una luz que surge incluso de manera inesperada, llenándolo todo con su presencia, contagiándolo todo para ahondar la búsqueda del equilibrio: «el lodo frente al agua / desenreda hasta el fondo la luz /[…] pero es el agua quien sabe alumbrarnos».

Nada es cierto ni definitivo, pero hay, a veces, una inmanencia de los seres en la materia: «la sombra de la paloma sobre el blanco / es ella frente al muro». Este sentimiento se halla también invertido, y a través de la materia, los seres consiguen esa identificación con el entorno a la que aludíamos más arriba: «ola blanca que siempre tornabas / hasta hacer de mi barca la brisa». Se crea así, o más bien se sugiere con lo sutil de los versos, una simbiosis que otorga al libro su unidad temática y filosófica.

El amor, evocado con mayor intensidad en la parte final del poemario, solo puede tener sentido y alcanzar su plenitud si es un eco de los elementos, como se aprecia en «Despedida del mar». Al contrario, el caos, el desorden en la naturaleza provoca una confusión (véase «Nocturno de silencio») que corresponde, precisamente, a la ausencia del otro: «llueven insectos / en mi cuerpo y vas cayendo sobre el lago que no está, / cuando regreses será el firmamento, / largo laúd de presente continuo».

El estilo, por su parte, es un compendio de lo que hemos explicado: para expresar la armonía, la musicalidad y la inestabilidad, los versos surgen en ocasiones de manera inesperada después de las comas, rompiendo en cierto modo la sintaxis y aportando un toque de originalidad y de inquietud. Se provoca así una sensación sorprendente, casi vanguardista, en el lector, logrando despojar a los poemas de los tópicos en los que se podría haber caído para hablar de un tema tratado en  numerosas ocasiones. De este modo, Mónica Manrique de Lara consigue aportar una escritura poética abierta y novedosa en la que subyace un sentido prosódico notable para evocar, tal y como sugiere Francisco Vaquero Sánchez en la contraportada del libro, «el temblor que se siente en los límites del claroscuro».

 

Miguel Angel Real

 

https://www.culturamas.es/2020/11/01/devocion-de-las-olas-de-monica-manrique-de-lara/ 

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jeudi 19 novembre 2020

ZINC

 

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Ce texte sert d'édito au numéro 18/19 de Revue Méninge...


  ZINC


Le zinc est l'élément chimique 1de numéro atomique 30 et de symbole Zn. Le corps simple zinc est un métal.2


Le zinc est par certains aspects semblable au magnésium dans la mesure où son état d'oxydation 3 courant est +2, donnant un cation de taille comparable à celle de Mg2+. C'est le 24e élément le plus abondant dans l'écorce terrestre.4 Il possède cinq isotopes 5 naturels stables.


Le zinc cassant à température ambiante et qui s'oxyde facilement n'a jamais été considéré comme un « métal antique ». De plus, il n'avait pas grand intérêt directement. 6 De manière pratique, les métallurgistes de l'Antiquité employaient ses minerais mélangés à d'autres minerais de cuivre et/ou d'étain qui permettaient de fabriquer divers laitons et/ou des bronzes ou airains sophistiqués. 7


Source: Wikipédia



Miguel Ángel Real


1Comme la poésie, qui elle, a sa chimie aussi.

2Alors que le corps simple de la poésie est la parole (au numéro atomique changeant).

3La poésie, elle, s'oxide par le contact répété avec l'excès de fleurs, de rimes et de papillons.

4La poésie est, par contre, l'élément le plus présent sur terre, puisque nous pouvons la retrouver dans chaque élément, avec un peu de bonne volonté et un alliage (complexe, tout de même) entre humilité et curiosité.

5En tant que profane, j'ignore le sens de ce mot. De même, ignorer le sens de sa propre poésie est l'apanage des prétentieux et des néoromantiques.

6Analogies avec la poésie: cassante à toute température / s'oxide facilement / n'a pas grand intérêt. Lorca le disait déjà: les labyrinthes que crée le temps s'évanouissent: il ne reste que le désert.

7On déduit du point 6 que la relation entre la poésie et la vie permet aussi de fabriquer des raisonnements apparemment sophistiqués qui génèrent pourtant bon nombre d'objets très cassants, comme les promesses, les rêves et les points d'appui pour soulever le monde. On en déduit aussi que la bonne poésie n'est probablement pas la pierre philosophale dont certains rêvent, mais que son sens naît de la quête et du questionnement perpétuels.

 


jeudi 1 octobre 2020

ARRECIFE

 Un poema personal publicado en la revista mexicana La Piraña

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ARRECIFE

 

Banco o bajo formado en el mar por rocas

 o poliperos a casi flor de agua

 

Si bien resulta inconcebible para un ser de las llanuras,

mis costillas quieren recordar a veces algún escondido escollo.

Inventarlo tal vez. Da lo mismo.

Trampa, secreto, accidente y naufragio en devenir

ante las luces que se balanceaban en los cuernos de los bueyes como señuelo y promesa de saqueo

yo me inclino

pues dicha estrategia -si era cierta- concebía la luz como una guía hacia la nada

encumbrando el oxímoron.

Pero la poesía descriptiva es a la realidad lo que las flores al amor:

promesa falsa, ilusión fugaz, verdad ajada de antemano.

 

Son caprichosas las formas de la asfixia,

pero los arrecifes son anfibios y a veces respiran el mismo aire

que necesitan mis pulmones:

una mezcla de horizonte mesetario y de abismo marino

que todos los mapas desconocen.

 

Contra los arrecifes, la alta mar: es un bálsamo, un refugio.

Sin embargo, la proximidad de la costa sugiere -contra lo que podría pensarse- una inmensa amenaza mineral.

 

Por eso, para ir más allá de la certeza de la humanidad acosando las noches,

más allá de la certeza de las pesadillas

en las que las maderas crujen en el choque,

seguir la singladura y alejarse del prójimo

arropándose

                        en un silencio

                                               indispensable.

 

Miguel Angel Real

https://www.piranhamx.club/index.php/quienes-somos-2/oidos-negro-poesia/item/1077-miguel-angel-real-arrecife?fbclid=IwAR1YTVrTjvM6ZnwgYVUwf7ZdlRYTTpqeGFaODTasF5tNEGuLzZ9U_Xu9D_o 

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