UNA NOVELA NEGRA
Crónica
de “Tierra Quemada”, de Rafael López Vilas (Versátiles)
La
novela de Rafael López
Vilas narra la investigación
del periodista Ernesto Buena Virgen sobre la muerte de su amigo de
infancia Ramiro Expósito,
delegado sindical presuntamente asesinado. La historia se desarrolla
en un contexto histórico
actual de corrupción
generalizada y plasma en sus páginas
toda una época de desencanto.
Se
trata de una clara denuncia de aquellas personas que ostentan el
poder en España, como queda bien claro en el colofón.
Los personajes que ocupan puestos de responsabilidad son tratados de
manera mordaz para acentuar la crítica
sobre una “normalidad” impuesta y descarnada, reflejando de este
modo la indiferencia en la que este tipo de acciones se desarrolla
frente a nosotros. Todos los personajes se ven envueltos en una
deshumanización
profunda, principalmente en el mundo laboral, pero que tiene
ramificaciones amargas en la política,
en la banca o en los servicios sociales.
La
estructura es ágil
y eficaz, con flashbacks que alteran el ritmo del relato, animándolo
y creando un suspense bien llevado. Asistimos de esta manera a la
relación
de amistad juvenil entre Ramiro, Ernesto y Federico Luján,
como una especie de ubi
sunt
nostálgico
que da profundidad al tratamiento de los personajes principales.
La
hondura psicológica
tiene desde mi punto de vista un clímax
en los momentos en que el autor nos habla de las dificultades
amargas de Federico, víctima
de un sistema sin sentimientos frente a una situación
personal dramática
que sin embargo está
descrita de manera justa, sin excesos melodramáticos.
Se lleva a cabo así
una dolorosa descripción
de la realidad humana y social miserable que muchos españoles han
conocido -y siguen conociendo- desde la época de la Transición,
con especial hincapié en el sistema corrupto impuesto por el Partido
Popular en las últimas
décadas.
Los
personajes parecen ser simples víctimas
colaterales de una situación
desesperante a la que les conduce gente como el comisario Facundo
Salazar, extorturador y verdugo, que representa en sí
mismo la denuncia de una Transición
mal gestionada que ha desembocado en una pesadumbre general en esta
“Tierra quemada” en que se ha convertido España, tanto en
sentido propio como figurado, y donde han sido recompensados
principalmente los criminales y los estafadores.
Sin
desvelar el final, evidentemente, diremos que lo esencial de esta
obra de Rafael López
Vilas no es construir una novela de suspense y llevarnos hacia una
conclusión
feroz: las pesquisas de Ernesto Buena Virgen no hacen sino mostrar,
con pinceladas violentas y llenas de una rabia muy literaria, una
negrura que sirve para revelar un ambiente de mezquindad y pesimismo
notablemente creado.
La
conclusión
terrible es que nos vemos aplastados por un sistema que destroza
sueños e ilusiones: bajo el peso de una realidad ante la que parece
que poco queda por hacer, la escritura de este libro es esencial para
despertar conciencias. La entereza del trío
de amigos hace que nos sintamos identificados con ellos, tanto en su
humanidad como en su impotencia. Los momentos desgarradores que viven
los personajes nos conmueven porque nos obligan a mirarle a la cara a
una verdad que tantas personas se empeñan en ocultar. Por eso
“Tierra Quemada” es un libro comprometido y necesario.