dimanche 13 décembre 2015



Y si después de tantas palabras
No sobrevive la palabra.
 César Vallejo




Pero ¿y si hay un resquicio?
Mario Benedetti


Dos dudas. Pero no tenemos otro remedio que resguardarnos tras la pregunta de Benedetti.

samedi 12 décembre 2015


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El libro más impactante que he leído en muchos años. Un relato durísimo escrito con una prosa furiosa y con una técnica literaria insuperable que recuerda al mejor Vargas Llosa. Me pregunto incluso si desde que leí en mi juventid "La ciudad y los perros" un libro me había hecho amar tanto la literatura. Todo lo contrario a una obra banal. La definición perfecta de la literatura comprometida, escrita como un rompecabezas en el que el autor recompone las piezas poco a poco de manera magistral.
Tuve la suerte de encontrar a Diego en Douarnenez en agosto de 2015, en un coloquio sobre la literatura sudamericana. Me pareció alguien modesto pero determinado. Tengo el placer de seguir en contacto con él. Recuerdo que, ante la intervención de una señora que le confesaba que no había sido capaz de superar la violencia del libro, respondió muy cortésmente que él no podía embellecer lo que había visto: esa historia dramática del Perú de Sendero Luminoso.
Cuando leí el libro me di cuenta de la razón que tenía el autor. Sobre todo porque al mismo tiempo hay que ser prudente con la violencia en la literatura. Del mismo modo que un escritor puede caer rápidamente en la banalidad y la sensiblería, es demasiado fácil llenar las páginas de hemoglobina, no proponer nada nuevo y quedarse tan contento. Por eso Trelles ha sido todo un latigazo para mí: porque esa técnica deslumbrante de la que hablaba te hechiza de principio a fin, llevándote de la mano -arrastrándote más bien-  por cada página. Además, porque se siente en este libro una reflexión permanente sobre el sentido de cada palabra y de cada giro argumental, y porque esa exigencia nunca le deje al lector en la estacada. Así es como avanza la literatura, así se abren nuevos caminos: arriesgándose. Qué buena lección nos da Trelles.
Literatura comprometida pues, que consigue su objetivo, es decir, alejarme aún más de la literatura de complacencia que inunda las librerías, especialmente en Francia. Cada año la misma "noticia bomba" en septiembre: miles de libros nos esperan: ¿y si se hiciera una selección mucho antes de que la mayor parte de esos libros vayan a la basura del olvido? Me deprime tanta literatura del ego, que no busca más que una pretensión cuyo efecto no va más allá de la última página, y eso cuando uno no ha cerrado el libro antes.
Concluiré diciendo que "Bioy" me ha convencido de manera radical de que el escritor sigue teniendo un papel social. Que debemos decir, hablar, contar. Que esos grandes nombres de las letras que mi gran profesor de literatura Pedro Ozalla me hizo conocer -León Felipe, Blas de Otero, evidentemente Vargas Llosa, Roa Bastos, Asturias, Carpentier, Cela- no forman parte de un pasado mítico y lejano. Que hoy día aún existen  libros que te abofetean para que despiertes de tu letargo y te esfuerces en comprender que el lenguaje es una tabla de salvación siempre y cuando se aleje de los senderos trillados y del gran escaparate de la literatura asquerosamente comercial.
De algún modo, y aunque conociéndome voy a preguntarme en cada línea si este blog tiene algún valor, escritores así me empujan a volver a coger la pluma y a intentar avanzar.
De Diego Trelles también os aconsejo el excelente "El círculo de los escritores asesinos".
Y en cuanto llegue a Valladolid durante las vacaciones, me apresuraré en comprar su última obra, "Adormecer a los felices". Bienvenido Diego a mi restingida lista personal de "libros cinco estrellas", a la que muy pocos han tenido acceso.
                                                    

vendredi 11 décembre 2015

RAZONES DE VIVIR

https://www.youtube.com/watch?v=6NjY4aJAzpE


Aunque los lobos acechan


Quién comprende por qué los aviones se estrellan contra los rascacielos
y sobre su legado de escombros queda una densa cortina de                                                               desesperanza,
un germen de palabras anegado por el humo;
por qué la gente va al trabajo sin pedirle nada a Dios ni a las                                                                        horas
y queda descoyuntada en medio de una vía
trazando a su pesar garabatos de metal y de odios.
Soy humano. Los lobos acechan, y me aterra:
no sé qué hacer para secar el miedo que rezuman las horas.
Tal vez por eso me asombre tu constancia.

Acabo comprendiendo las torres de marfil
y me entristece ver qué fácil es a veces apuntalar la mía,  levantar murallas.
No soy digno de nada.
No comprendo por qué nos hacemos preguntas,
qué nos cuesta vivir sin exigencias,
si podríamos andar sin armadura ni pretextos
para explicarle la existencia a las niñas.
Temo mirarles a los ojos
y no saber qué pensar de su sonrisa.
¿Cómo elegir entre la felicidad o la verdad?

Podría convencerme de que mentir es la única salida,
como si la vida nos fuera en ello.
O basta con encender al unísono todos los cirios del planeta, 
con la desinteresada armonía que poseen los gestos vacuos?
Sabemos ahora lo densa que es la noche
pero hay que empeñarse en ver
aunque todas esas llamas apenas consigan crear sombras.
Hoy la palabra
es tan necesaria como el aire
que devoran los pulmones de los recién nacidos en la gran                                                                           paradoja.
La estridencia de los campanarios y de los minaretes
nos ensordece desde milenios pretendiéndose cántico.
La angustia quiere ser consuelo
que intenta expandirse a través
de una angosta patraña.
Un esqueleto irremisible nos dejan quienes se alzan destrozando  miradas, piel, abrazos libres:
de vacío y de ruido se nutren los que anhelan la nada.

No creo en oraciones sino en tu constancia.
Explicarte la vida no es tarea de hombres
y sin embargo hablo porque hoy día callarse
es hacer que los raíles sigan retorciéndose,
que la metralla ahogue barrios enteros por siglos.

Los lobos acechan, siempre acechan, cada vez más acechan.   
Por eso me asombra tu constancia.
Tal vez sea hora de hablar.
Tal vez hablar por hablar.
Pero qué importa.
Creé este blog por capricho, por curiosidad. No le veía mucha utilidad y, para ser sincero, siempre pensé que esta forma de expresarse no está exenta de cierta pretensión.
No sé realmente hasta qué punto he cambiado de opinión, pero lo que sí es cierto es que en esta época gris, callarse es imposible. Ya veremos qué sentido tiene ir publicando artículos. No creo que sea hora de hacerse preguntas, sino de afirmar valores, de negarse a aceptar la intolerancia que nos está desdibujando nuestros sueños.
Debemos encontrar un sentido a las palabras, apoyarnos en Vargas Llosa para decir que "la literatura es fuego" y que el silencio es insoportable. Hemos de buscar la manera de hacer que la razón prevalezca. Nos queda pues lo más difícil.
Hay días, desde luego, en que el desaliento nos recubre como con una escarcha insidiosa. Pero este año 2015, abierto y entrecerrado con atentados, debe inocularnos la suficiente dosis de rabia para llenarnos de determinación. Debemos aunar nuestras ideas para no ceder al miedo, ese arma que utilizan tanto los locos que matan por un libro como los ultraderechistas que solo pretenden construir una sociedad en la que la exclusión es el primer objetivo.
Busquemos.

Resema #35 - ROCÍO EXPÓSITO - Asombro

   Un o una resema es una reseña poética, que surge de la emoción de la lectura de un libro. Los versos en cursiva pertenecen al poemario le...